El blog de Ciril Rozman

Un “incunable” sobre la Educación Médica

Posted by blogderozman en enero 20, 2009

hernando

Según el Dicionario de la Lengua Española, la palabra incunable se aplica a toda edición hecha desde la invención de la imprenta hasta principos del siglo XVI. El documento cuya portada puede observar el lector data del año 1934, y constituye probablemente uno de los primeros documentos publicados en España sobre la Educación Médica. Por esta razón puede considerarse en cierto modo, aunque no estrictamente, como un “incunable”.

El autor del fascículo fue el prof. Teófilo Hernando (1881-1976), pionero español de Farmacología Científica y Terapéutica Clínica. Siendo Presidente del Consejo Nacional de Cultura, redactó el texto a instancias del Dr. Burnet, ponente en la Sociedad de las Naciones de un proyecto de reforma de la Enseñanza de la Medicina. El original de este documento me fue facilitado por el prof. Luís Hernando Avendaño, hijo del autor y uno de los fundadores de la Nefrología Hispana, a la vez que un gran experto en docencia médica, a raíz de un Simposio que sobre el tema que tuvo lugar en la Fundación Areces el 26-27 de Febrero de 2007. Por ser enormemente intructivos, reproduzco tal sólo dos párrafos del fascículo:

“Los problemas que en relación con la enseñanza de la Medicina y del ejercicio de la profesión médica tenemos en España son semejantes a los que existen en los demás países, quizás agudizados, los primeros por un positivo retraso, en el que se mantuvo aquélla durante muchos años: deficiencia en la enseñanza clínica, falta de personal docente y de medios para la Enseñanza, exámenes principalmente memoristas que no demuestran nada, enorme cantidad de alumnos, etc.”

Especialidades y especialistas. Los enormes progresos de la técnica, la gran extensión de los conocimientos en cada profesión, han obligado a que existan, constituyendo una necesidad en los momentos actuales, la especialización y el especialista. Los peligros, los inconvenientes, del especialista en Medicina podemos observarlos todos, cuando nos encontramos un enfermo con el síntoma más vulgar. Un paciente tiene mareos; el gastrólogo le asegura proceden del estómago, un cardiólogo de alteraciones de la tensión, un oftalmólogo de anomalías en la óptica de su ojo, un otólogo de lesiones del laberinto, un neurólogo de alteraciones del sistema nervioso, un tisiólogo de pequeñas lesiones pulmonares, etcétera, etc. Probablemente ninguno de estos especialistas está equivocado; el enfermo tiene  pequeñas alteraciones digestivas, su tensión no es la que se da como normal, en el pulmón presenta pequeñas lesiones; finalmente, sus ojos y sus oídos no funcionan dentro de un fisiologismo perfecto, pero el error de todos ellos está en que han aprendido, por los métodos más finos y perfeccionados, a diagnosticar la lesión, pero no a valorar su importancia. Además, olvidan que cada órgano no vive aisladamente, sino formando parte de un todo, cuya unidad tienen obligación de conocer y cuyas relaciones y dependencias deben estudiar en todo momento…..En primer lugar, todos deben convencerse de que es necesario ser médico completo antes de cultivar una especialidad.”

Muchas de estas frases se pueden suscribir hoy. Tras más de tres cuartos de siglo seguimos hablando de una enseñanza puramente cognitiva, de exámenes memorísticos, de las deficiencias en la enseñanza clínica, de la importancia de la troncalidad en las especialidades médicas y otros aspectos parecidos. Es indudadble que queda mucho trabajo por hacer.

 

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