El blog de Ciril Rozman

Sobre el tratamiento hormonal de la menopausia

Posted by blogderozman en marzo 17, 2009

            Durante bastantes años se impuso entre los ginecólogos españoles la costumbre de prescribir a las mujeres menopáusicas preparados de estrógenos, combinados o no con progesterona, en ocasiones hasta edades avanzadas. Dicha práctica procedía en realidad de lo que era habitual en EEUU de Norteamérica. Es incuestionable que el tratamiento hormonal tiene efectos beneficiosos aliviando los síntomas vasomotores, posponiendo la osteoporosis asociada con la menopausia y evitando la atrofia de la mucosa genital. Sin embargo, dicha terapia puede tener efectos secundarios desfavorables, entre los cuales el más importante es el aumento de incidencia del cáncer de mama.

            La “Women Health Initative (WHI)” tenía en marcha un estudio aleatorizado sobre los riesgos y beneficios que podía proporcionar la administración de estrógenos y progesterona en mujeres postmenopáusicas sanas. Este ensayo se detuvo en 2002 al demostrarse que los riesgos excedían los beneficios de la hormonoterapia combinada. En efecto, la incidencia de cáncer de mama era mayor en el grupo que recibía este tratamiento, a la vez que los tumores tenían un tamaño mayor y eran más avanzados. Además, el número de mamografías anormales y de biopsias de mama estaba aumentado en este grupo. Después del año 2002, el uso de hormonas en mujeres menopáusicas disminuyó de modo substancial y al cabo de un año también se observó una reducción en la incidencia del cáncer de mama, sugiriendo una relación causal entre ambos fenómenos. Con todo, esta conclusión era controvertida porque no se había observado esta disminución de modo unánime. Se había especulado que podía ser debida también a otros factores, entre ellos la frecuencia con la que se practicaba la mamografía.

            Recientemente, los investigadores del WHI (N Engl J Med 2009; 360: 573-587) acaban de demostrar de modo concluyente que el riesgo aumentado de cáncer de mama, asociado al empleo de estrógenos y progesterona, disminuyó pronto y de forma pronunciada tras cesar la hormonoterapia, y que tal disminución no estaba relacionada con los cambios en la frecuencia de la mamografía.    

             Personalmente he sido siempre contrario al empleo tan generoso y prolongado de hormonas en la menopausia, como era habitual entre nosotros hasta hace pocos años. Afortunadamente, las guías terapéuticas actuales son muy restrictivas al respecto. Desaconsejan su uso en mujeres asintomáticas indicándolo tan sólo cuando la sintomatología vasomotora impide la actividad diaria, y obviamente, por un breve período de tiempo. El trabajo que traigo a colación certifica de forma definitiva lo correcto de esta conducta.

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