El blog de Ciril Rozman

Sobre el llamado factor de impacto (FI)

Posted by 3321crb en octubre 12, 2010

En muy diversas circunstancias, tales como la asignación de recursos destinados a las actividades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+I), concesión de premios, procesos de promoción personal y otras, interesa conocer cuál es el valor o el mérito científico de un investigador o de un grupo de investigadores. La medición de la actividad científica que ha recibido también el nombre de cienciometría, desempeña por tanto un papel muy importante.

Aunque clásicamente se ha recurrido para estos fines a la llamada “peer-review” (revisión por pares o expertos), hoy en día son preferibles los métodos bibliométricos que aplican procedimientos matemáticos y estadísticos a toda la bibliografía científica y a los autores que la producen, con el objetivo de proceder a su evaluación.

El factor de impacto es uno de los índices bibliométricos más empleados y también más discutidos, por lo que me ha parecido oportuno dedicarle algunas reflexiones.

Cabe considerar a Eugene Garfield como uno de los padres de la bibliometría, pues ha dedicado a los largo de los años numerosos esfuerzos a esta materia convirtiéndose en la persona más influyente en la misma. Es fundador del Institute of Scientific Information (ISI) de Filadelfia (EEUU) e inventor de la base de datos Science Citation Index (SCI). En torno al año 1960 propuso el FI como instrumento para medir el impacto científico de una determinada revista. Este índice se obtiene por el número de veces que una revista es citada durante un determinado año por las revistas incluidas en el SCI, dividido por el número de trabajos publicados en dicha revista durante los dos años previos.

Jordi Camí, un excelente científico y buen amigo, amén de uno de los autores españoles que ha realizado los mejores estudios bibliométricos en España, publicó  hace  bastantes años un excelente artículo titulado “Impactolatría: diagnóstico y tratamiento” (Med Clin (Barc) 1997;109:515-524), cuya lectura recomiendo encarecidamente a quien desee obtener una detallada información sobre el tema. En un punto concreto señala textualmente: “Debido a la necesidad de disponer de instrumentos cuantitativos de la productividad científica, el manejo del FI de las revistas biomédicas se ha extendido a muchas esferas de nuestra pequeña comunidad científica y sanitaria. Hasta el punto, que algunos colegas profesan una verdadera impactolatría , es decir, un culto o adoración incontinente al FI como si se tratase de una panacea de la evaluación en ciencia. La impactolatría conlleva una práctica simplista en la que se presupone que el FI de la revista de publicación es indicativo de la calidad o la importancia de una investigación científica concreta y, por extensión, de los autores de esta”. El error más importante, pues, en la utilización del FI es considerar que todos los trabajos publicados en una determinada revista tienen la misma calidad científica. Ello no es así, pues hay escasa correlación entre el FI de una revista y el índice de citaciones de los artículos individuales publicados en la misma. En definitiva, el FI valora la calidad de las revistas y no la de los artículos que contienen.

A propósito de la interpretación abusiva del FI se han generado frases irónicas, como “Dime que impacto tienes y te diré quien eres”, o el término de impactitis –que podríamos considerar como una infección o inflamación impactolátrica. Por otro lado hay que estar prevenido de los llamados impactófobos quienes suelen esconder una trayectoria científica de bajo perfil.

En conclusión, para la valoración científica de los investigadores procede recurrir al empleo de otros índices bibliométricos que serán objeto de mi análisis ulterior.

Una respuesta to “Sobre el llamado factor de impacto (FI)”

  1. Garfield ha dicho muchas veces que el factor de impacto nació como ayuda a las bibliotecas para gestionar las subscripciones y tener información sobre las más adecuadas, y no para evaluar la producción científica de los autores de los artículos o de sus equipos de investigación. Ahora también los editores se preocupan mucho del factor de impacto y hacen lo que sea para que las revistas que publican puedan aumentarlo. Una manera de ayudarse es con autocitas. Recuerdo que un revista de medicina que ocupa uno de los primeros puestos entre las españolas tenía muchas citas de artículos de la propia revista, pero se notaba que la inclusión de esos artículos estaba hecha con calzador porque casi todos ocupaban los últimos puestos en la lista de referencias (menos trabajo; así no hay que tocar los otros números).

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