El blog de Ciril Rozman

Archive for 19 enero 2010

Recuerdos de un estadístico aficionado

Posted by blogderozman en enero 19, 2010

No rara vez se expresan en torno a la estadística opiniones contrapuestas, cuestión sobre la que pienso reflexionar en un próximo artículo. Como introducción a la materia, dirijo mi mirada hacia atrás para rememorar mis primeras incursiones en este terreno. Tales recuerdos constituyen en cierto modo una justificación del porqué me atrevo a abordar este tema. No reclamo para mí la consideración que merece un estadístico profesional y tal vez incluso el adjetivo de aficionado es demasiado presuntuoso.  Pero no es menos cierto que a lo largo de mi vida he dedicado muchas horas a la estadística, no como un pasatiempo sino por necesidad.

A mediados de la década de los setenta del siglo pasado, quisimos analizar con mis colaboradores la supervivencia de los pacientes afectos de leucemia linfática crónica. El Dr. Kanti Rai, quien más tarde habría de convertirse en excelente amigo a través los  intereses científicos comunes, acababa de publicar la clasificación por estadios clínicos de esta enfermedad. Quisimos reproducir sus resultados en nuestros pacientes, para lo cual teníamos la necesidad de aplicar el método de Kaplan y Meier, llamado también de producto límite, adecuado para estimar la supervivencia actuarial. Tengo grabada en mi memoria la imagen de Dr. Miquel Morey,  uno de mis residentes de entonces y hoy un destacado hematólogo del Hospital Son Dureta de Palma de Mallorca, quien de forma manual estaba realizando los cálculos pertinentes. Aún no había llegado la hora de las computadoras personales y menos la de los programas estadísticos comerciales. Estimulado por la necesidad desarrollé el citado programa sobre una rudimentaria computadora que utilizaba el Servicio de Neumología para la práctica de las espirometrías. A finales de 1978 fui invitado a dar una conferencia en San Juan de Puerto Rico. Debido a la frecuente niebla en el aeropuerto de Madrid, tuvimos que pasar una noche en la capital, ocasión que aproveché para visitar la Feria Internacional de Informática (SIMO). Adquirí una especie de computadora personal de sobremesa, la cual me sirvió para el desarrollo de numerosos programas. Diseñé una rudimentaria base de datos, amplié el programa de Kaplan y Meier con la generación de gráficos e incluso empecé mi inmersión en la estadística multivariante. Conseguí traducir del FORTRAN al lenguaje BASIC el método de regresión de Cox de riesgos proporcionales. Mi hija Olga, informática de profesión, adaptó parte de este software a otra computadora, la cual constituyó durante muchos años el soporte logístico esencial del PETHEMA (Programa Español de Tratamiento de las Hemopatías Malignas). A mediados de la década de los ochenta, recibí la visita de un hematólogo de otro hospital de Barcelona quien no acaba de coronar su proyecto de tesis doctoral. Vino a solicitar mi ayuda. Le indiqué que realizase algunos estudios de supervivencia. Al cabo de unas semanas me trajo unas gráficas realizadas con el programa que habíamos diseñado mi hija y yo. Al interrogarle acerca de cómo pudo acceder al mismo, me contestó que dicho software había viajado a Zaragoza y luego a varias ciudades de Andalucía, de una de las cuales le fue enviado a él. Con mi hija bromeamos: “Lástima de no haber exigido el copyright”.  En épocas posteriores no he dejado de ocuparme de numerosas cuestiones estadísticas diversas y así hasta hoy.

A pesar de mi condición de aficionado, fui probablemente el primero en España en utilizar los métodos mencionados. Considero que mi condición de pionero me autoriza a reflexionar, en un próximo artículo, sobre la estadística en general.

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La excelencia en las profesiones sanitarias

Posted by blogderozman en enero 5, 2010

En alguna ocasión futura me referiré a  Humanitas – Fundación Medicina y Humanidades Médicas (FMHM), creada y presidida por mi querido amigo Sr. José A. Dotú. Hoy deseo analizar brevemente  el Tema del Mes-On line que publicó dicha Fundación el 21 de Noviembre de 2007. Lleva por título el enunciado y su autora es la Dra. Victoria Camps Cervera, Catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Según la autora, la acepción habitual de la excelencia profesional está relacionada con la competencia científica y técnica, con la posesión de unos conocimientos y un conjunto de habilidades específicas. Un buen profesional sería, ante todo, un experto, y no alguien comprometido con lo que hace y, por extensión, con la sociedad en general. Tal acepción pone de manifiesto un reduccionismo y una simplificación característica de un mundo que valora los comportamientos de las personas por los resultados más que por los principios a los que deberían atenerse y servir. La idónea formación científica y técnica es el primer deber moral en cualquier profesión, pero no el único. La excelencia técnica debe ir acompañada del compromiso ético, lo cual es particularmente cierto en el caso de las profesiones sanitarias. La excelencia tiene que ver con una amplitud de miras del profesional hacia la ética, con la sensibilidad humana hacia las personas, más allá de la competencia científica y técnica que se le supone y se le exige justamente al experto.

En los primeros textos de ética médica, los de Hipócrates y de Confucio, se repiten dos objetivos. Por una parte, el bien del enfermo y, por otra, la colaboración con los demás profesionales. A partir de estos grandes principios cabe desarrollar la excelencia ética, la cual consiste en la adquisición y puesta en práctica de una serie de virtudes que la autora esquematiza en las siguientes:

Benevolencia

Respeto

Cuidado

Sinceridad

Amabilidad

Justicia

Compasión

Integridad

Olvido de uno mismo

Prudencia

Y según ella, de todas las virtudes detalladas, la central sigue siendo la prudencia. “Ni las leyes ni los códigos deontológicos son operativos cuando falta la voluntad del sujeto de recoger el auténtico espíritu de los mismos y aplicarlos adecuadamente en cada caso. Eso es lo que les pedía Aristóteles al político, al juez y al médico prudentes, esto es, virtuosos, excelentes. El prudente es aquel que posee una sabiduría  práctica por la que conoce cuál es en cada caso el bien del paciente, único fin de las profesiones sanitarias”.

Recomiendo encarecidamente a todos los licenciados en Medicina la lectura detenida de este importante artículo. Y les emplazo a que alcancen una auténtica excelencia profesional, consistente en una magnífica preparación científica y técnica, a la par que en la adquisición de virtudes necesarias para su ejercicio.

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